Las Fábricas de Pólvora en la Historia de Yucatán

Las Fábricas de Pólvora en la Historia de Yucatán

Una invención que cambio al mundo y que años después se convertiría en una industria dentro de la península

David Torres 30 de junio Historia


La pólvora ha sido uno de los muchos inventos de la humanidad que han perjudicado a miles y millones de personas, muchos consideran un error su invención y otros únicamente creen que se le ha dado un mal uso, pues no necesariamente debe ser utilizado para crear explosivos o usado como pólvora para balas.

Y así es, aquí en TOP Yucatán les traemos brevemente la historia de las fábricas de pólvora en el estado de Yucatán, un legado industrial que prevalece hasta nuestros días. Una de las primeras fábricas de pólvora que hubo en Yucatán fue “La Constancia Yucateca”.

Esta fábrica de pólvora, fue inaugurada el 15 de agosto de 1845 en la famosa hacienda San Pedro Chucuaxim propiedad del obispo José María Guerra, al que se le conoce por la frase que sus sublevados indígenas le dijeron más de una vez “¿Dónde estaba tu Dios cuando nos mataban y explotaban?”.

En aquella época, la elaboración de la pólvora era a través de tres materias primas, las cuales eran azufre, salitre y carbón; únicamente el azufre se importaba pues no era posible su obtención localmente, al contrario del salitre que se elaboraba dentro de la planta y el carbón se obtenía del árbol llamado chacaj.

Tiempo después el salitre comenzó a ocasionar problemas y se pidió ayuda del gobierno para obtener un permiso e importar esa materia prima, pero para dicho permiso era necesario pagar unos 18,000 pesos de aquella época, por lo que el promotor italiano llamado Santiago Nigra, fue el encargado de reunir a los empresarios y hacendados para recaudar esa cantidad.

Hubo una gran cantidad de empresarios y hacendados que participaron como accionistas, entre los de mayor renombre encontramos a Nicolas de la Cámara, María Josefa Bolio, Rejón e Hijo, entre otros.  La fábrica se constituyó con maquinaria traída de Nueva York, para instalarla llegó a Yucatán Francisco Allard, técnico de la casa Dupont de Filadelfia.

Después de un tiempo la fábrica pasó a manos de los hermanos Eduardo y Joaquín González Gutiérrez. Esta fábrica siguió trabajando hasta el Siglo XX y posteriormente nació la empresa de la familia Seijo que dura hasta nuestros días.

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Fuente: https://www.meridadeyucatan.com/

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